
Oye, pues nos van a invitar nuevamente a hacer una de las cosas que mejor sientan, ¿sabes a qué me refiero? A tomar decisiones. Bueno, en este caso, elecciones. Que no digo que tomar decisiones sea fácil, o que no sea cansado, pero empoderar empodera (o da agencia, como se dice ahora).
Para que te sea todo más fácil voy a compartir contigo unos sencillos ingredientes.

Criterio. Fundamental en el tema elecciones -incluso las personales- el asunto del criterio. Viene a ser como la elegancia, con la que no se nace, se hace. Y que se tiene o no se tiene. Todo el mundo conoce a alguien capaz de tomar las peores decisiones posibles, obviando incluso las red flags, como si sufriera de daltonismo masoquista. Y excepto algunas excepciones o contextos, mejor ser menosoquista que masoquista.
La ilusión. Hay quien incluye en la ecuación el tema de la ilusión. Personalmente no creo que sea necesaria para votar, pues hay otros motivadores, como el miedo, que funcionan de maravilla también. ¿Tienes poca ilusión pero hay bastante miedo o amenaza? Me vale. ¿Tienes esperanza? Me vale mejor aún.

La conciencia. ¡Ay! ¡Qué gran aspecto! Está la contemporaneidad de tal nivel que pronto hablaremos de sinciencia en vez de conciencia. A mí la conciencia me parece útil y muy sexy, sobre todo la de clase. Échala al carro.
Información. Todo un tema. Ya no es suficiente con querer informarse, hay que intentar no desinformarse. Evita el “bulo veo bulo quiero”, que los bulos son muy golosones para la mente. Ante la duda piensa: ¿este contenido es deshumanizado? Si la respuesta es sí, no acustumbra a ser información.
Posicionamiento. Cualquier elección es una oportunidad para posicionarse y recuerda: hay posturas que benefician a tu cuerpo y dan gustito y otras que lo deterioran. Ah, y que la neutralidad no existe (quien la proclama suele estar como los wc en los bares, al fondo a la derecha).

En realidad, todo el día andamos tomando decisiones, aunque no seamos conscientes: a qué hora nos levantamos; qué compramos en el súper y en qué súper; cómo nos vestimos; si enseñar carne por arriba o por abajo; cómo saludar a quien nos encontramos (saluda siempre, cari); si cedemos el asiento en el transporte público; si somos un ser de luz o un ser de caca…
Las decisiones pueden tener resultados inmediatos. Elegir ser amable, por ejemplo, tiene un enorme efecto en ti, en quien lo recibe y en quien lo observa. En términos de prioridades, la amabilidad y el civismo serían de las mejores decisiones, como beber agua o usar desodorante.
Mi abuelo -que viene a ser mi enciclopedia, mi hemeroteca y mi chatgpt- decía que hay que votar siempre, aunque sea en blanco, pues mucho costó conseguir ese derecho. Él, promotor ilusionado de la democracia, llegó a ir a recoger a gente y llevarla a las urnas para que ejerciera su derecho a voto, aunque fuera para votar en contra de sus intereses (no como algunas enviadas del señor).

Y hablando de elecciones personales, el mes próximo PITICLI y servidor cumpliremos 20 años de camino compartido. De camino y de minipiso, que se dice pronto. Un noviazgo eterno sin criaturas ni mascotas (que no se me malinterprete, no digo que sean sinónimos), teniendo un poco más claro qué queremos ser de mayores. Y qué mundo queremos dejar al resto de personas.
Si tú también lo tienes claro, vota.
Ah, y que las tormentas no te impidan disfrutar ni perder la empatía.
¡Un fuerte abrazo!

El reloj siempre avanza hacia la derecha y retrocede a la izquierda. Votemos con criterio.
Brindo por el progreso y el avance en derechos 🫂✨
Una invitación que no debemos dejar pasar
¡Feliz aniversario!
Muchas gracias 🫂✨
Una invitación que no debemos dejar pasar de ninguna de las maneras.
¡Feliz aniversario!
A votar, a vivir, a disfrutar ✨