
Cuando el otro día fue noticia que unos roedores se habían rejuvenecido a golpe de pinchazo pensé: pues en mi familia materna ya conocíamos el secreto de la eterna juventud… ¡sin pasar hambre y sin costar dinero!
Me explico: la prensa exponía que la semaglutida (fármaco adelgazante comercializado como Ozempic y Wegovy) había alargado un 12% la vida de ratones que habían empezado a recibirlo a una edad avanzada. Era curioso que saliera esa noticia justo cuando más voces alertaban de los riesgos de dichos fármacos, pero las casualidades son así. Y la promesa de la llave para la juventud funciona. Y más si es una juventud delgada. Porque ser una persona delgada continúa teniendo más ventajas que la tarjeta de tu supermercado en una sociedad donde el cuerpo es la primera carta de presentación. Y no sólo sirve para entrevistas laborales o apps de citas, también te libra de violencias (el aspecto físico sigue siendo la causa número uno de acoso escolar).

Estamos tan obsesionadxs con la delgadez (quién nos iba a decir que volvería a celebrarse la delgadez extrema en 2026) que se nos olvida que mucha gente no hace dieta por salud -sino por validación social-, que muchas personas que no están delgadas no están enfermas o que no todas las personas delgadas están sanas.

Pero vuelvo al tema de la juventud. Me llama la atención cuánto nos gusta la juventud que podemos comprar y lo mal que tratamos a la juventud “real”. Nos fascinan aquellas personas que lucen jóvenes a pesar de su edad (y las ratas) y en cambio no paramos de burlarnos y de dejar abandonadas a las personas jóvenes (que muestran unas tasas de soledad no deseada inauditas). Como si las personas jóvenes surgieran por generación espontánea o fueran una masa uniforme. Pues mira lo que te digo: las personas jóvenes son un reflejo de nuestra sociedad, y nuestra sociedad también se define por cómo las trata.

Decía en una entrevista la actriz francesa Marion Cotillard, al acudir a un festival de cine para nuevos talentos, que debíamos apoyar al talento joven, y a la juventud en general, pues no hacerlo era no apoyar a la humanidad. La actriz explicaba que la forma en que miramos a lxs jóvenes, ya sea para celebrar su potencial o para ignorarlo, decía mucho de nosotrxs como sociedad.
No puedo estar más de acuerdo.
A las personas jóvenes se las acompaña poco, y se las escucha menos. Y ni una cosa ni la otra favorece a nadie.

En este sentido me gustó mucho las respuestas que personas adolescentes ofrecieron a la psicóloga Isa Duque cuando realizó una serie de encuestas.
A la pregunta
- “¿Qué te gustaría decirles a tus profes sobre lo que necesitas de su labor?
Respondieron
- Que confíen en nosotros y tengan esperanzas.
- ¿Y a las familias?
- Que más que control, ofrezcan apoyo.
Pues más claro, agua. Apoyo y esperanza.
Pero bueno, que me voy del tema y vuelvo a la fórmula para la eterna juventud que caracteriza a mi familia materna. ¿La digo? ¡Ahí va! Mantener la curiosidad y las inquietudes. Puede ser la curiosidad por cómo se organiza un hormiguero, la inquietud por probar un nuevo baile, saber cómo termina cierto libro, tener un huerto, aprender a tejer, conocer a otras personas del barrio… o el amor a cualquier edad.

Puedo asegurar, observando los ejemplos de mi abuelo, mis tías, mis tíos o mi propia madre, que funciona. Y que aún funciona mejor cuando se sigue practicando la sonrisa. Todo ello hace que no se pierda la juventud y se mantenga ese brillo que está por encima del de la piel (y del colágeno): el de la mirada. Que ya lo decía Lola Flores: el brillo de la mirada no se opera.

Cultivemos curiosidad e inquietudes, mantengamos el brillo en la mirada y estemos al lado de las personas jóvenes. Ah, y no seamos unas ratas.

Por cierto, aunque aún no hay fecha de salida… ¡he firmado la publicación para Brasil de El Plan B! Iré actualizando novedades. Que la esperanza se propague.
Un abrazo enorme ENORME
Nota: imágenes libres de derechos cortesía de pexels

Curiosidad, me lo apunto. El día que nos levantemos sin sentirla, ese día empezaremos a cambiar de plano.
Exacto, y algo me dice que a ti la fórmula de la juventud no te es ajena. Un abrazo enorme