aISLArse: impregnarse de isla, disfrutarla, recorrerla, sentirla, observarla intentando no buscar tópicos preconcebidos. Sumergirse. Rendirse a ella. aISLArse no es un derecho, sino un placer, un privilegio y una responsabilidad.
Ésta es la historia de cómo me aislé y enamoré de -y en- los revoltosos pies oceánicos, el cuerpo verde, los extremos barrancos y la corona de nubes de la Gomera y la Palma.
Empezaré por La Gomera, que fue mi primer flechazo y -que la Palma me perdone- el más apasionado. De todos modos con Las Canarias (y tengo la fortuna de haber podido recorrerlas todas, de El Hierro a La Graciosa) se impone el poliamor. Eso sí, basado en el consentimiento y el profundo respeto por sus habitantes.
Aquí se impone señalar que en Canarias, en cualquier isla, en todo lugar, hay que tener cautela como turista. Si tienes la fortuna de ir a casa de alguien no se te ocurre entrar donde no te dicen, ni difundir sus intimidades. Por eso, consciente de la saturación y del discurso de su gente no compartiré aquí ciertas localizaciones exactas ni algunos rincones reservados a locales: que sean ellxs quienes los compartan contigo cuando observen tu amor y cuidado al ir.
Pero vayamos a la Gomera, a la que llegamos por ferry (aunque también se puede arribar en avión, a ese aeropuerto similar a “un salón de bodas”, según la gente del lugar), y pronto descubrimos que se impondría un baile lento, de abrazarse bien en sus curvas, de contener el aliento en sus bosques y precipicios. De saborear aflojando un ritmo que no te hará falta acelerar más. El corazón descansa y resuena, la vista se adapta y el alma se refresca.
La Gomera es, para mí, una isla esencial, pues allí todo es esencia: un baño cristalino en un antiguo muelle; un paseo inmerso en un bosque antiguo; una comida sabrosa y, sobre todo, un cruzarse con muy poca gente pero saludarse –y despedirse- de toda (excepto en esa capital silenciosa y chiquita que es San Sebastián de la Gomera, un San Francisco insular que actúa como si no fuera pequeño).
Si vas a La Gomera volverás echando de menos ese placer por la conversación de su gente y ese saludarse hasta con quien asomaba por la ventana viendo la vida pasar. ¿El mejor lugar para que lo experimentes? las calles de Vallehermoso.
¿Qué te recomiendo una vez en la isla?
Lo primero: que alquiles un coche automático que haga mucho más llevadero el baile de curvas arriba y abajo. Y que te dejes llevar.
Que te acerques a Alojera (si no hay viento) y disfrutes de un pescado fresquísimo en el Restaurante Prisma antes de pasar las horas bañándote en su muellito.
Que hagas un recorrido por Garajonay, y otro, y otro, fascinado por todos los verdes posibles e incluso por los arroyos inesperados. Además, todas las rutas están excelentemente señalizadas. Y si quieres comer en el corazón del Parque Nacional recorre el serpenteante acceso al Camping La Vista y pide un delicioso potaje de berros en su restaurante.
Que abras mucho los ojos cuando te aproximes al Valle de Hermigua para no perderte nada de su belleza, y que admires sus terrazas de plataneras saboreando cualquier delicia en la Tasca Telémaco o en el Restaurante Las Chácaras. Y ya que estás ahí explora dónde darte un baño (te sorprenderá).
Que te acerques hasta Valle Gran Rey por el placer del camino y la maravilla de su acceso. Y una vez allí te acerques al puerto y navegues junto a Nicole en busca de delfines de un modo absolutamente respetuoso con Oceano Gomera. Para culminar el día: un baño con puesta de sol en la impresionante Playa del Inglés.
Que recorras a paso lento San Sebastián, su capital, consciente de sus esencias latinoamericanas, y te tomes un zumo de mango o papaya, o una comida amabilísima en el Breñusca.
Que pasees Agulo y respires su hermosa arquitectura en la Tasca Las Cruces, antes o después de disfrutar del mirador de Abrante.
Que indagues sobre el silbo gomero, sobre el salto del pastor, el ingenio de los pescantes o cómo se trabajaron las laderas imposibles para aprovechar la tierra. Todo esfuerzo, esfuerzo, más esfuerzo e inventiva.
Que bajes las revoluciones y disfrutes de lo esencial, entendiendo que ni La Gomera ni ninguna isla canaria son un parque temático, sino lugares increíbles que debemos respetar, valorar y proteger.
Espero que tú también hayas tenido un buen verano.
¿Qué te parece lo que te he contado?
Un abrazo ENORME.
Qué gusto que estés aquí.
IG (☞ ゚ ∀ ゚) ☞ ◙ @agustinkong
Holaaaa
A mí La Gomera me encantó tanto Garajonay como San Sebastián y el recorrido en barco hasta Tenerife. Maravilloso como tus fotos.
Un abrazo
Querida colega, qué placer saber de ti. El recorrido en ferry es una delicia e incluso se pueden ver delfines si se presta atención. Me ha encantado saber que también fuisteis y os gustó <3
Gracias por saber leernos de esa manera, por mantener la mirada libre y el corazón abierto, por acompasarte con nuestro ritmo, por saber mirar y escuchar.
Visitantes así sí, siempre sí.
Ay, gracias a ti por tu generosidad y por abrirme las puertas de tus / vuestras islas <3 <3 <3
¡Cuánta admiración se destila de tus palabras! Haces que sea fácilmente compartible. Maravilla de isla 😍
Sí, reconozco que no puedo evitar apasionarme hablando de esa isla. Mil gracias por estar siempre ahí <3